Año nuevo, bocazas viejo

Cambiar de año es toda una proeza, significa que has sobrevivido 12 meses jodido aguantando mil penurias, a tu madre dándote la brasa para que hagas algo de provecho con tu vida, al gilipollas del jefe (si es que tienes suerte de tener uno), la universidad que es la muerte intelectual, no te has comido una rosca y encima estas más gordo, más feo y más viejo. Cuando se acerca el fin de año nos volvemos gilipollas, metemos la mano en ese saco de mierda que es la memoria y “hacemos balance”. Casi siempre es para mal porque nos damos cuenta de que nos hemos equivocado, de que somos poco consistentes con nuestras metas y de que somos unos losers de la hostia. Pero lo vamos disimulando como podemos. Miramos dentro de nosotros y nos decimos “venga que esté año sí”, y sabemos que este año tampoco.
Pero son esas promesas incumplidas con nosotros mismos las que nos llevan al lado interesante y oscuro de la vida y las que nos hacen tomar cada año con ganas, con ganas de sorprendernos, de salirnos de la línea al pintar, de hacer lo que se espera de nosotros mientras urdimos planes secretos que le den picante a la vida.
Yo, por el momento, me he propuesto escribir un post cada semana para este blog, en el que iré comentando los temas de actualidad. También me he propuesto ser más disciplinado y cumplir con los plazos de entrega y que Mar no se muera de estrés.
Nos vemos por aquí, y nos contáis qué propósitos no vais a cumplir este año. Puedes escribirnos aquí bocazasymar@rude-magazine.com



