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Analizando los habitos del ser humano y las acciones del mismo a lo largo de la historia, obsevamos como hemos intentado, con mayor o menor éxito, dejar nuestra huella, nuestro sello. Ya sea buscando la innovación, la diferencia o incluso, la maldad. La cuestión es que seamos recordados por algo importante.

Nuestra principal motivación es plantarnos en medio del universo y gritar: ¡eh! ¡Estoy aquí!. Es comprensible, porque andamos por un mundo individualista, donde hacemos cosas de manera autómata y claro, para destacar entre tanta homogeneidad es difícil. Si lo analizamos, no es más que una necesidad vanal de marcar territorio. Como si fuéramos perros o animales en celo, como artistas que mueren en soledad por no reconocer el fracaso. Y ese es el gran problema que debemos solventar para avanzar: reconocer nuestros errores, reconocer el fracaso. Para poder continuar en nuestra labor es importante que conozcamos donde erramos para evitar hacerlo de nuevo. Si todos y cada uno de nosotros hiciéramos un repaso de todos nuestros actos, pensamientos, pasos y actitudes, nos daríamos cuenta de la inmensa cantidad de errores que cometemos. Ahora bien, tenemos que reconocerlos.

Es de manual, vamos, de consulta con tu psicoanalista: reconocerlo es el primer paso. Una vez sepamos porqué cometemos esos fallos, podremos progresar. Pero (siempre hay un pero) tenemos que ser conscientes que, lo que para unos es un grave error, para otros puede ser un gran acierto. Esto es ambiguo y podemos sacarle partido, sólo tenemos que actuar consecuentemente con nuestra forma de pensar. Pero, repito, esta ambigüedad tan grande lo hace tan personal y subjetivo, que es prácticamente imposible establecer unos parámetros. ¿Cual es la fórmula del éxito? Pues sinceramente no lo sé. Ni nadie puede saberlo, porque es algo tan imparcial y subjetivo que no podemos generalizar. Cuando alguien consigue sus metas puede deberse a varias cosas o metodos diferentes. Lo que si es la base de cualquier meta es el tesón, el esfuerzo, el trabajo y el talento. Ya he hablado muchas veces de lo mismo, de que sin talento no tenemos nada pero que sin trabajo no conseguimos ni el primer paso.

Todo esto viene a colación de esta última semana. Intensa, emotiva, dura (muy mucho) pero tremendamente paradójica. He vivido algo que no se lo deseo ni a mi peor enemigo, pero me ha abierto los ojos. Cuando estás en una situación así, te das cuenta de la cantidad de cosas que te quedan por hacer antes de que llegue tu final, la cantidad de oportunidades que tienes para dejar tu huella. ¿Qué harías si supieras que todo acaba en unas horas? Cuando sabes que todo está acabando, te surgen muchas dudas, conflictos sin resolver y ganas de hacer cosas. Por favor, exprimamos nuestro día a día, porque nunca sabemos cuando no tendremos otra oportunidad para decir un te quiero, para reír hasta llorar, para correr y saltar, para vivir. La única forma de dejar huella es haciendo todo con corazón. Porque ya se sabe, puede que para el mundo no seas nadie, pero para alguien eres el mundo.

Sed felices.

AntonioFdez - The Editor

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